Aarón Santurio en el Europeo Sub-19 de Serbia

Aarón Santurio
El boxeo asturiano vuelve a latir con fuerza en el mapa internacional y la culpa la tiene un chaval de 17 años con los puños cargados de hambre y el corazón afincado en Contrueces. Aarón Santurio ya se encuentra en Loznica (Serbia) para disputar el Campeonato de Europa Sub-19, y no lo hace de paseo: es el único pugilista de nuestra tierra en la convocatoria de la selección española para esta gran cita continental en la categoría de 70 kilos.

Detrás de este hito no hay atajos ni regalos. Hay horas y horas de sudor en el gimnasio gijonés Sanpar Box bajo la mirada atenta de su padre y entrenador, Andrés Santurio. En esa esquina donde la familia y la pasión por el cuadrilátero se vuelven una sola cosa, Aarón ha modelado una dedicación absoluta que le llevó a apostarlo todo por el boxeo, convirtiéndolo en su forma de vida y en la mejor herramienta para canalizar su temperamento. El ring ha sido para él escuela, terapia y proyecto vital.

El camino hasta Serbia se ha forjado combate a combate. Con un palmarés que impresiona para su edad —tres títulos de campeón de España y un subcampeonato junior—, el bronce internacional conquistado el pasado mes de mayo en Kutaisi (Georgia) fue el puñetazo en la mesa definitivo para ganarse la confianza del seleccionador Rafael Lozano. Tras un mes de concentración extrema entre el Centro de Alto Rendimiento de Madrid y tierras serbias, llega afinado al milímetro para la gran prueba.

Lejos de arrugarse ante los rivales de las grandes potencias del bloque del Este, la actitud de Santurio refleja la garra y el orgullo del norte. Con trabajo duro en el gimnasio, buscando el golpe de poder, el sparring exigente y una preparación física impecable, el púgil gijonés se sube al tapiz sin complejos frente a quien sea.

Desde este rincón del boxeo asturiano, toda la afición estará pegada a la pantalla para empujar cada crochet y cada directo. Aarón no solo viste la camiseta nacional: lleva en las vendas el nombre de su barrio, de su gimnasio, de su padre y de toda Asturias. Suena la campana en Loznica y el noble arte asturiano vuelve a soñar en grande.

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