7 de marzo de 2014

Arturo Fernández: "Fui boxeador para sacar a mi madre de la miseria"

Para empezar, hablemos de boxeo porque usted fue ‘El tigre del Piles’, un boxeador de peso medio que hacía temblar la cuenca minera asturiana, ¿cuál era su golpe secreto?
Sobre todo era un gran fajador, no había quien me cazara, aunque pegada tenía poca porque estaba mal alimentado y poco preparado físicamente. Vivíamos en un barrio muy pobre de Gijón y no teníamos apenas para comer. Mi padre tuvo que salir de España por problemas políticos y mi madre se mataba limpiando botellas de vidrio, tenía las manos llenas de sabañones y yo me hice boxeador con el fin de quitarla de ese duro trabajo por el que le pagaban cuatro pesetas al día.

¿Cuánto cobró por su primer combate?
Ochenta pesetas de 1945. Tenía 16 años y tuve que falsificar un carné para que me permitieran pelear. Boxeé por toda la cuenca minera de Asturias pero no conseguí quitar a mi madre de ese trabajo porque la pobre no se fiaba de mí y decía que esas cuatro pesetas diarias que ganaba eran fijas.

¿Iba a verle boxear?
No, mi madre nunca se enteró de que yo boxeaba. Ya he dicho que a mí no me tocaban la cara y ganaba siempre los combates, aunque los ganaba a los puntos. Hasta la última pelea que disputé en Sama de Langreo contra un chico que era sordomudo al que llamaban El Pantera. Le di una paliza tremenda pero el tío parecía que no sentía los golpes, no había manera de tumbarle y acabó siendo combate nulo por lo que decidieron que se disputara un desempate. Y ahí, sí, el chico ese me enganchó a la primera y ya no di pie con bola. Me dio una paliza de escándalo, me puso la cara como un saco de tomates. Nos dieron 150 pesetas a cada uno y ahí terminó mi carrera como boxeador.

Pronto arrojó la toalla.
Era una época de miseria terrible, plena posguerra, tristeza y desolación. Los chicos estábamos confundidos, buscándonos la vida de mala manera. Además, mi madre no quería que yo fuera un obrero, soñaba para mí con un puesto de oficinista y yo no había aprobado nunca ni una asignatura en el colegio. Estaba convencido de que el río Miño pasaba por Córdoba, con eso lo digo todo.


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